En general
Al militar se le distingue a primera vista: por su porte erguido y pausado, por la elegancia de su actitud y por su semblante sereno.

La incontinencia verbal, la excesiva gesticulación o la afectación no son, en general, corteses ni dentro ni fuera de las Fuerzas Armadas.

La austeridad del gesto no es incompatible con la elocuencia, la gentiliza, el compañerismo o el humor. La tranquilidad, la corrección, el buen trato y la oportunidad en el uso de la palabra son aliados inestimables para comportarse en el seno de cualquire organización que se precie.

Las Fuerzas Armadas no son el escaparate de la propia individualidad, sino la expresión máxima del espírtitu colectivo unido en pos de un ideal común.

Cuando entramos en la unidad no somos ratones asustados que hablan con un hilillo de voz. Cada uno ha de tener la gravedad de ánimo para estar a la altura de su empleo, ni más ni menos.

Las quejas son cosa de adolescentes, las peticiones reiteradas o inoportunas son cosa de niños. No nos quejamos de nada ni pedimos nada. Es lo mejor. Aquí se viene a disfrutar del privilegio de servir de uniforme.

Reglas de oro
Donde fueres, haz lo que vieres: Es lo más sencillo. Cada unidad, centro u organismo es un mundo, el mando, la disciplina, el trato, el trabajo, son conceptos que se pueden manejar de forma distinta. La primera regla de oro es integrarse y hacer lo que todos. Ser uno más y comportarse como los demás.

Pasar desapercibido: Esto no significa ser anodino o vago, sino "evitar dar la nota"; que nuestra presencia no destaque inapropiadamente por exceso de personalidad, tono de voz, tomarse confianza, en definitiva por mala educación. Existe una absurda creencia de que tener una personalidad arrolladora y hacernos los listos es algo bueno que nos ayuda. Cuando en general, la gente más preparada y que manda más, suele ser la más discreta.

Cumplir el deber: Hacer lo que a uno le mandan, a la perfección y en un tiempo algo más corto de lo esperado. Ver que lo mandado se ha hecho en el tiempo otorgado y a la perfección. Por último, informar de que las cosas se han hecho. Eso es cumplir con el deber.

Saludo militar
Se saluda siempre a los superiores y se devuelve siempre el saludo a los subordinados, cuando nos crucemos con estos, también se usa entre iguales. Si se lleva prenda de cabeza el saludo militar se lleva a cabo con los dos tiempos de saludo a la voz de "a sus órdenes mí...", "a la orden" o "a la orden de .... mi ....". Si se va con la cabeza descubierta se obvian los tiempos del saludo.

Por la mañana la primera vez que nos cruzamos con el superior es correcto saludar con un escueto “buenos días, a la orden mi...” o “buenos días, a sus ordenes mi...”. Es costumbre en la Armada que al arriar, después de la oración de la noche, el oficial más nuevo busque al comandante para darle las buenas noches.

Los saludos se expresan como sigue:

  • Oficiales generales y almirantes: "A la orden de vuecencia, mi general", "a la orden de vuecencia Sr. Almirante.
  • Coroneles y Capitanes de Navío: "A la orden de usía, mi coronel", "a la orden de usía mi comandante".
  • Jefes de la armada: capitán de fragata, capitán de corbeta: "A sus órdenes mi comandante".
  • Oficiales de la armada: teniente de navío, alférez de navío y alférez de fragata: "A sus órdenes mi oficial".
  • Resto de ejércitos y cuerpos: "A sus órdenes mi..." o "A la orden de usted mi..." (también es aceptable su forma abreviada "a la orden").

No es necesario saludar militarmente si nos encontramos en formación o en plena instrucción. En tal caso la responsabilidad de saludar corresponde al jefe de la formación o en su caso al instructor.

Si se va lleva un fusil en el brazo derecho se saluda cruzando el brazo izquierdo a la altura del pecho, con la palma de la mano extendida hacia abajo.

Si llevamos el fusil a la espalda, colgado del hombro, se saluda normalmente.

Presentación
Al presentarnos el primer día de la activación en nuestra unidad es preceptivo el uso de uniforme de diario, con guante blanco en la Armada, en la modalidad que rija en la estación del año en que se produzca. Sin perjuicio de que nos presentemos en primera instancia a nuestro superior inmediato, es necesario presentarse al jefe de la unidad.

La presentación se realiza dando un paso desde la puerta del despacho en el que se encuentre el jefe de la unidad, en posición de firmes, sosteniendo la prenda de cabeza en la mano izquierda haciendo con el codo un ángulo de noventa grados, con la palma hacia arriba, y el dedo pulgar introducido sujetando la prenda.

En ese momento usaremos la fórmula de presentación. "A la orden de .... mi ...., se presenta el alférez reservista voluntario Juan Pérez López". Después guardaremos silencio hasta que se nos dirija la palabra.

Permaneceremos en esa posición hasta que se nos indique. Si no se nos indica nada, seguiremos firmes.

Habitualmente el jefe de la unidad se levantará a saludarnos y nos aliviará la posición de firmes.

El jefe nos hará las preguntas de rigor a las que responderemos brevemente, sin entrar en largas charlas ni explicaciones enrevesadas. Responder cuando se nos pregunte, con brevedad y concisión es la regla de oro del trato con superiores.

Antes de salir para despedirnos es de rigor preguntar "ordena alguna cosa, mi...".

Evitaremos de todo punto feas expresiones coloquiales tipo: "venga, hasta luego y muchas gracias" para despedirnos de un superior. Se utilizará la fórmula indicada en el punto anterior.

En formación
Cuando estamos en formación no se habla, no se bromea, no se hacen aspavientos, no se gira la cabeza constantemente, no se come, no se bebe, no se masca chicle, no se fuma. En formación no haremos otra cosa que estarnos quietos y tranquilos, como corresponde.

Si mandamos una formación, para dar novedades se gira la formación para dar el mayor frente al mando, se manda firmes y comunicamos fuerte y claro, con la mano en primer tiempo de saludo: "a sus órdenes, mi... forman veinte, sin novedad" ó "a sus órdenes, mi..., forman catorce..." y se dan las novedades "faltan cuatro, dos rebajados de servicio y dos de permiso" o lo que sea.

En formación sólo saluda el que la manda. El resto permanece en la posición que se indique.

Trato con superiores
Cuando un superior se nos acerca o pasa a nuestro lado nos ponemos de pie firmes si estamos sentados y le saludamos reglamentariamente. Es incorrecto que un superior se acerque, sobre todo si es por primera vez, y permanezcamos sentados. Esta norma se aplica discrecionalmente si compartimos oficina o despacho, tampoco es razonable estarse levantando a cada minuto.

En un aula o auditorio, nos levantamos siempre y nos ponemos firmes antes de pedir la palabra o hablar, siempre a la voz de "a sus órdenes mi..." y se hace la pregunta u observación.

Cuando un mando nos dirige la palabra y queramos replicar, antes pedimos permiso: "a sus órdenes, mi.... permiso para hablar". Si la réplica entraña el hacer patente la más mínima opinión se acompaña de: “con todo respeto y mi mayor subordinación mi ....” y se expresa a continuación la objeción. No se ha de insistir pues es evidente que a quien va dirigido ya se ha dado por enterado y con una vez basta, pues la responsabilidad es siempre suya.

Cuando un superior entra por primera vez en una dependencia nos ponemos en pie a la voz de "¡atención!" o bien "¡en pie!".

Cuando llega el coronel no se le asalta con peticiones, parrafadas o gracietas. Nos estamos callados y cuando se nos dirige la palabra contestamos brevemente, si en ello empleamos diez segundos, será mejor que veinte. Nada de enrollarse con el coronel. Si se nos acerca el general no digamos.

Alguno hay que cuando ven a un oficial superior se le encienden los ojos y piensa "ésta es la mía". Pues no, las cosas se comunican por el conducto reglamentario. Normalmente al jefe le llega todo, no hace falta saltarse el escalafón.

Cuando se nos pregunta, terminamos nuestra respuesta con el tratamiento al mando que corresponda por ejemplo:

- Ha tenido usted un buen viaje de regreso.

- Sí, mi capitán.

Responder a secas es descortés.

Al jefe no se le adula, no se le da coba, no se le hace la pelota. Desde luego no se intriga y no tratamos de hacer camarilla con él.

Al jefe no se le miente, tampoco se le dan excusas baratas, basadas en la incompetencia de compañeros o subordinados.

Al jefe no se le habla mal de los compañeros, ni se habla mal del jefe a sus espaldas.

Trato con subordinados
Se recomienda vivamente que en el trato con subordinados se emplee siempre el usted.

En la Armada los oficiales tienen la costumbre de usar el don al dirigirse a los suboficiales y viceversa. Los sobrenombres y motes no están mal vistos con la marinería y tropa aunque, por supuesto, han de ser tenidos como propios por los destinatarios y no pueden ser de mal gusto ni ofensivos.

El tuteo alocado no parece recomendable ni por parte de superiores ni subordinados. Los reservistas con un empleo superior no deben dejarse maltratar alegremente ni mostrar excesiva sumisión. El uniforme y la divisa son algo muy serio, que transciende al individuo.

Siempre habrá alguno que escamoteará el saludo reglamentario al reservista voluntario con mayor empleo. En estos casos se recomienda actuar con suma paciencia y mano izquierda, salvo que se produzcan salidas de tono demasiado marcadas. En tal caso, parece un buen consejo comentar el caso con nuestro mando superior, evitando afear la conducta a nadie por nuestra cuenta y riesgo.

La simplificación "empleo superior significa que yo mando más" no funciona. El reservista voluntario de hecho, no suele tiene mando sobre nadie, hoy por hoy es un técnico. Su empleo y condición más bien le protegen dentro del sistema, pero no se va activado a presumir de empleo ni a ponerse farruco con los compañeros de menor empleo.

Evitaremos la desordenada confraternización con superiores y subordinados y tanto más cuanto mayor sea la distancia en el empleo. En unidades, se han visto grupos de soldados tuteando alegremente al alférez reservista voluntario y usando su nombre de pila, el oficial sintiéndose uno más de la pandilla de tropa. Esto es inaceptable, pero si el alférez estas cosas no las sabe, mejor que las lea aquí a que se las tenga que explicar su capitán.

Ante todo, sentido común.

En exteriores
Evitamos sentarnos en el suelo (salvo en el campo), en cualquier bordillo o poner el pie en la pared.

Evitamos recostarnos en un banco que parece que estemos "destrozados" o "despatarrados". Se sienta uno con el tronco erguido y las piernas juntas.

Si acompañamos a un superior nos situamos siempre a la izquierda de éste, es decir nuestro superior a nuestra derecha. Si son tres los que caminan junto, el mayor empleo irá en el centro, flanquedao por el segundo de mayor empleo a su derecha y el de menor empleo a su izquierda. Esta es una norma de cortesía militar importante que conviene observar.

Se camina con porte marcial, la barbilla alta, no encorvados, con las manos en los bolsillos, la cabeza gacha y arrastrando los pies. Se puede estar cansado pero nunca parecerlo.

Policía
Se espera que oficiales y suboficiales den ejemplo en todo, empezando por su apariencia y perfecto uso del uniforme. Es una norma básica.

El aspecto lo dice todo de uno mismo. Unas botas cepilladas, el uniforme en su punto y en la modalidad que corresponda. Afeitados ellos y el moño recogido ellas, todo habla de nuestra la disciplina más difícil que somos capaces de aplicar: la autodisciplina.

Abunda entre los reservistas el espécimen mal uniformado con un eterno: "no me lo han dado" en la boca. Si no se lo han dado, se busca usted la vida, oiga. Más si tiene usted un empleo de alférez o sargento. Quién va a confiarles nada, no digamos ya un mando sobre tropa, si no son ustedes capaces de agenciarse una placa con su nombre. Fíjese en sus compañeros, si ellos van bien, usted también puede.

En actos sociales como bodas o cenas de gala, en las que se haga uso del derecho a portar el uniforme, téngase en cuenta que en ese momento nos convertimos en embajadores de las Fuerzas Armadas. Nada de quitarse la guerrera y bailar la conga.

En actos
En actos militares nos integramos con el resto de los compañeros de nuestra categoría, vistiendo el uniforme que se haya ordenado y en el lugar que nos corresponda por asignación.

Nuestro uniforme impecable y el que corresponde. Mejor preguntar que presentarse con la modalidad que no es. Pocas cosas hay más incómodas.

En ocasiones se celebran actos fuera de las unidades en los que no es preceptivo el uso de uniforme. En tales casos, lo seguro es utilizar traje de chaqueta las señoras o americana azul marino y pantalón gris los señores. Si es por la noche, lo apropiado es vestir traje oscuro salvo que se diga lo contrario. Ante la duda preguntamos.

El mando que preside el acto, habitualmente un oficial superior, llega el último y se marchará el primero. En ocasiones en el presidente desee quedarse más tiempo, se puede informar "el acto militar ha terminado" lo que autoriza a los presentes a marcharse.

Se suele suelen empezar con unas palabras de bienvenida de las autoridades y un brindis por Su Majestad el Rey. Cada vez es menos habitual hacer los brindis a los postres.

Si se trata de un vino con servicio tipo buffet, no se nos ocurre empezar hasta que lo hayan hecho los superiores. Evitamos cualquier glotonería.

En el vino español, el mando que preside suele pasar por los grupos, reunidos por categorías, para saludarles. Se han visto casos de un reservista voluntario "lanzarse hacia el general" tres mesas más allá, para comentarle sus urgentes asuntos. Esto es impertinente.

Si tenemos un efusivo compañero, lo mejor es hacerle ver que mejor se estarse tranquilo y cuando llegue el general, responder en veinte segundos a lo que nos pregunte, si nos pregunta.

Nadie se marcha hasta que lo haya hecho el mando que preside el acto y en general hasta que lo haya hecho nuestro jefe de unidad. Si no salimos todos juntos y uno tiene un deber perentorio la despedida recordemos que será "ordena alguna cosa mi..."

Una vez desactivado
Se da la paradoja de que un sargento que termina su activación, deja de ser militar pero no deja de ser sargento.

Evitaremos de todo punto blandir la TIM a la menor ocasión y desde luego, cuando hayamos cometido una infracción. Esto es algo bochornoso.

El uso del uniforme es algo de la máxima seriedad y por ello está reglamentado y restringido para actos puntuales con la debida solemnidad o relevancia.

Si la milicia es una escuela de las más altas virtudes, se espera que el reservista voluntario es situación de disponible se comporte como lo que es: un doble ciudadano y un caballero. El empleo militar nos obliga moralmente a ser mejores, más rectos y más cívicos.

Para más información
Consultar el vademécum de la Reserva Voluntaria publicado por la Oficina General de Reservistas y en la sección "Normativa" del Observatorio"

Y recuerde...
La misma falta con un superior:
la primera vez es descortesía,
la segunda, maltrato.